jueves, 1 de enero de 2015

¡Feliz año!

Gracias a todos vosotros, 2014 ha sido un año de lo más completito en Historias con Hache y todos los blogs que la rodean. Espero que vuestro año también haya ido bien y que 2015 sea mucho mejor del que acabamos de terminar. Y que sigáis entrando por aquí, por supuesto.

lunes, 20 de octubre de 2014

El escay

El otro día escribiendo me encontré con la complicada labor de averiguar cómo se llamaba ese tejido tan usado en los ochenta para tapizar sofás y sillones que era muy bonito a la vista, pero terriblemente absorvente (sobre todo en verano) cuando te sentabas encima. Mi primer impulso fue escribirlo “sky”, por suena igual que “cielo” en inglés, pero parecía un poco raro. Así que me puse a buscar por internet y descubrí que casi nadie tenía idea de la grafía correcta. Encontré “skay”, “skai”, “scay”, “scai”, “ski”, “escay”, “escai”, “eskay”, “eskai”… a gusto del consumidor. Suerte que, por una vez, la RAE había hecho sus deberes y tenía la palabra admitida en el diccionario. Se escribe como buena palabra españolizada, siguiendo las reglas más básicas del castellano: sin “s” líquida, con “c” y sin “i latina” al final de la palabra. Es decir “escay”, justo lo contrario a cómo se escribe la forma original que es “skai”, marca alemana de este tipo de tejido. Esta forma no está admitida por la RAE y tampoco “skay”, aunque esta última sí que aparece en el María Moliner.

viernes, 8 de agosto de 2014

¿Justificar o no Justificar?

Siempre he odiado a muerte los textos justificados y sin embargo, de un tiempo a esta parte, he estoy pasando las horas muertas justificando todas y cada una de las entradas que he publicado, tanto en los blogs como en la web. Eso supone tener que editar más de 1400 páginas y entradas, pero tengo que decir que vale la pena. Me guste o no, tengo que admitir que justificados, los textos se ven más profesionales. Claro que también hay que tener cuidado en evitar (con algún guión que otro) que queden espacios desmesurados entre las palabras, aunque con quitar los más llamativos debería ser suficiente.

Donde no hay opción posible de elección y hay que poner todos los guiones posibles es al publicar o al enviar un manuscrito a un editor. Es la única forma de evitar que tu querido libro parezca la redacción que te mandaron de deberes en el colegio. Eso sí, procura corregir el texto antes de liarte a poner guiones o el corrector de tu procesador loco te volverá loco.

lunes, 28 de julio de 2014

Los guiones largos

Utilizar para los diálogos el guión normal (-) o el medio (–, en el Word lo llamen largo, pero no lo es tanto) en lugar del guión largo de verdad (—) es algo que puede deslucir bastante un texto y es una queja recurrente en las páginas web de las editoriales.

Es cierto que el guión largo no se encuentra en el teclado, pero la solución es bastante sencilla. El símbolo aparece automáticamente si escribes 0151 mientras pulsas la tecla Alt (en Mac es Alt+Mayus+guión normal). Y si utilizas Word, también puedes sacarlo al pulsar Alt+Ctrl+- (pero el - del teclado numérico, no el del normal) que son las teclas rápidas que tiene asignadas.

¿Todavía te parece muy complicado? En Word puedes asignarle la combinación de teclas que te apetezca. Vas a Insertar -> Símbolo -> Más símbolos (en los Word viejos el último paso no es necesario) y le das al botón “Teclas”. Allí pulsa la combinación que prefieras y luego presionas el botón “Asignar”.

¿Lo quieres aún más fácil? Entonces deberías pensar en la autocorrección mientras escribes. Para llegar a la pantalla de Opciones de Autocorrección tienes que volver al cuadro de antes (el que salía yendo a Insertar -> Símbolo -> Más símbolos) y allí pulsar el botón “Autocorrección” (en el Word antiguo se llega también desde Herramientas -> Opciones de Autocorrección). Pones los símbolos que se van a convertir en el cuadro de la izquierda, el guión largo en el de la derecha, le das a “Agregar” y, a partir de ese momento, cada vez que escribas -+- (por ejemplo) se transformará automáticamente en —.

Espero que os sirvan los consejos.

lunes, 30 de junio de 2014

Los accidentes geográficos

Como decía hace muchísimo tiempo, en la última revisión de las normas ortográficas, la RAE y el resto de academias mundiales del español (o castellano) decidieron que los tratamientos y las instituciones eran nombres comunes y, por tanto, dichas palabras debían escribirse con minúsculas.

Pero el papa Francisco o el rey Felipe VI no iban a ser los únicos perjudicados (bueno, había otros por ese entonces). También los nombres de los accidentes geográficos tuvieron que adaptarse. A partir de ese momento, todo lo que no sea un nombre propio ha pasado a escribirse con minúsculas. Y eso incluye no sólo a los golfos, penínsulas, bahías, mares, fiordos, playas, montañas, sierras, montes, picos, ríos y arroyos. También los adjetivos han caído en desgracia. Así que, aunque estemos acostumbrados a ello, ya no se puede poner la Península Ibérica, el Golfo de México o la Bahía de Cádiz. Ahora son la península ibérica (porque ibérica es un adjetivo), el golfo de México y la bahía de Cádiz.

Las únicas excepciones son aquellos nombres comunes o adjetivos que sean el nombre propio del lugar. Por eso Monte Perdido o Sierra Nevada permanecen sin tocar a pesar de que unan un accidente geográfico y un adjetivo. Porque no son un monte que esté perdido, ni una sierra que esté nevada, sino que se llamana así.