El otro día escribiendo me encontré con la complicada labor de averiguar cómo se llamaba ese tejido tan usado en los ochenta para tapizar sofás y sillones que era muy bonito a la vista, pero terriblemente absorvente (sobre todo en verano) cuando te sentabas encima. Mi primer impulso fue escribirlo “sky”, por suena igual que “cielo” en inglés, pero parecía un poco raro. Así que me puse a buscar por internet y descubrí que casi nadie tenía idea de la grafía correcta. Encontré “skay”, “skai”, “scay”, “scai”, “ski”, “escay”, “escai”, “eskay”, “eskai”… a gusto del consumidor. Suerte que, por una vez, la RAE había hecho sus deberes y tenía la palabra admitida en el diccionario. Se escribe como buena palabra españolizada, siguiendo las reglas más básicas del castellano: sin “s” líquida, con “c” y sin “i latina” al final de la palabra. Es decir “escay”, justo lo contrario a cómo se escribe la forma original que es “skai”, marca alemana de este tipo de tejido. Esta forma no está admitida por la RAE y tampoco “skay”, aunque esta última sí que aparece en el María Moliner.
lunes, 20 de octubre de 2014
El escay
lunes, 26 de mayo de 2014
Pañuelos de papel
La metonimia es la figura retórica por el que a una cosa se le da el nombre de otra. La parte por el todo, el continente por el contenido, el artista por la obra... pero el caso más curioso es el de la marca comercial por el producto.
Gracias a esto, marcas como tirita, aspirina, teflón, jacuzzi o termo se han transformado en palabras normales y corrientes que todos usamos.
Y, por supuesto, también ocurrió lo mismo con unos conocidos pañuelos de papel. Pero claro, poner que "Susana usó un kleenex para secarse las lágrimas que se desprendían de sus preciosos ojos" pues como que queda un poco raro. "Kleenex" no es una de esas palabras que inviten a ponerse poéticos, además de ser algo difícil de escribir.
Pero no pasa nada, porque la RAE está siempre atenta a estas cosas con sus castellanizaciones a discrección (en esta ocasión, totalmente justificada) y te ofrece "clínex". Casi, hasta me gusta más que el beicon.
jueves, 22 de mayo de 2014
El dilema del Bacon
Estaba yo aprovechando mi desempleo para tratar de terminar de escribir mi último libro cuando una duda culinaria de esas tontas que yo tengo asaltó mi pobre cerebro: ¿cuál es la forma correcta de nombrar esa grasienta tira de carne ahumada que tanto gusta a los ingleses en el desayuno?
Bien, pues una vez descartada panceta (que no está ahumada) nos quedarían tres opciones: el original "bacon" que debería ponerse en cursiva por ser una palabra extranjera no admitida por la RAE, la primitiva castellanización "bacón" (con ese acento tan mono para que nadie se equivoque y crea que está leyendo en inglés) o la moderna supercastellanización "beicon" (prometo que estas dos últimas aparecen en el diccionario de la RAE por imposible que parezca).
Como el fantasma del escritor futuro que aspiro a ser no me dejaría en paz si cogiera la versión inglesa y "bacón" me parece una cutrez, yo acabé quedándome con la tercera: "beicon" que queda un poco raro (un pelín spanglish), pero me hace gracia. Ya se sabe, para gustos los colores.