Una de las cosas que se ha propuesto últimamente la RAE y en la que está poniendo gran parte de sus esfuerzos es en terminar con ciertas confusiones que aún existían en el lenguaje y que eran herencia de siglos pasados. Los nombres de las figuras institucionales eran una de las categorías en las que más se daba, pues la gente nunca sabía si debía escribir rey, papa o gobierno con o sin mayúscula. Eso por no mencionar a los absurdos y aún utilizados tratamientos protocolarios del estilo “su excelencia”, que los más pedantes se empeñaban en resaltar con mayúsculas para hacerlo aún más excelente.
La solución de la RAE ha sido fácil: rey, papa y gobierno son nombres comunes y, por tanto, se escriben con minúscula, aunque se puede poner con mayúscula si actúan solas (puede ser el Papa, pero no el Papa Benedicto y puedes poner Su Majestad acudió a la fiesta, pero no Su Majestad Juan Carlos I acudió a la fiesta). Eso se llama democracia lingüística.
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